Asociación Civil
Anticorrupción
Declaración de Principios
Nos hemos reunidos: hombres y mujeres,y simpatizantes de todos los partidos políticos, jubilados, trabajadores, empresarios,profesionales, estudiantes, amas de casa, dirigentes gremiales y sociales, sabiendo que compartimos el sentir de la mayoría: luchar todos juntos contra la corrupción institucional, degradación que corroe las estructuras de nuestra sociedad y la moral colectiva.
La corrupción no es un dato menor de la política o un tema subordinado a categorías más trascendentes.
Como lo ha demostrado la experiencia, la corrupción es un instrumento del que se valen los llamados "poderes invisibles" en la Democracia para reproducir sus privilegios o para degradar al poder público en descarnado beneficio privado.
Hablamos de la corrupción política, es decir de la actividad ejercida desde el poder burlando las leyes para la obtención de beneficios particulares o corporativos.
Combatir la corrupción se transforma en exigencia moral, pero fundamentalmente en exigencia política, ya que no es posible pensar en un orden justo o en una sociedad equitativa, con un sistema viciado y carcomido por las prácticas corruptas.
Cada uno de los temas que hoy preocupan a los argentinos: deuda externa, asistencialismo, negociados financieros, incremento de la delincuencia, aumento geométrico del tráfico de drogas, se han constituido como tales a través de acciones corruptas.
La violación de las leyes, el soborno a los funcionarios, el descontrol en el manejo de los fondos públicos, son algunas de las manifestaciones que hicieron posible los males que hoy nos afligen como nación.
Cuestionar la corrupción no significa desconocer aspectos estructurales de un sistema o pretender reducir los grandes problemas de los argentinos a una cuestión "moralizadora"; al respecto no desconocemos que hay un interesante debate abierto, pero más allá de sus alternativas, existe un gran consenso en aceptar que no es posible pensar en una sociedad justa o en una sociedad más abierta y participativa con políticos corruptos en un Estado corrupto y con una sociedad permisiva a estas corruptelas.
La convocatoria es amplia, incluye a todos los hombres y mujeres de bien y se propone impugnar desde la sociedad civil las acciones corruptas ejercidas desde el poder.
También fortalecer una conciencia ciudadana, en tanto creemos que si la sociedad está decidida a controlar a los poderosos la corrupción no tendría lugar, o por lo menos, no sería el vicio dominante del sistema.
La corrupción extendida genera en la sociedad el descreimiento en la democracia, debilita los lazos de solidaridad, transforma la virtud en cinismo, los esfuerzos colectivos en egoísmo.
La corrupción ha sido históricamente la antesala de los golpes de estado, la condición para que la política degrade en actividad mafiosa, el requisito para que una nación pierda el rumbo.
Su impacto sobre el sentido común de los ciudadanos es devastador en tanto erosiona uno de los pilares básicos de un orden democrático, que es la credibilidad.
En este sentido, a la lucha contra la corrupción hay que pensarla como una lucha orientada a reforzar los fundamentos de la legitimidad moral de la democracia.